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13 de julio de 2010

España campeona del mundo: un triunfo merecido y necesario


Campeones al fin. El plantel español celebra momentos
después de recibir la ansiada Copa del Mundo.

Luego de tantos años de sueños rotos, de esperanzas que crecían y morían con igual rapidez, la selección española se consagró el domingo 11 de julio campeona del mundo por primera vez en su historia.

Ganó España, ganó el fútbol. El triunfo de España fue tan merecido como necesario. Merecido por el buen fútbol que esta selección viene desplegando desde hace por lo menos dos años, cuando Luis Aragonés armó un equipo capaz de ganar la Eurocopa de 2008 de manera brillante y que sentó las bases y el estilo del combinado que en Sudáfrica llevó a España a la cima del mundo balompédico. Y necesario porque en un momento en que el fútbol resultadista parecía la única opción para llegar al triunfo, la victoria de la Roja servirá para equlibrar un poco la balanza.

El título es merecido también por lo que significa España en el universo del fútbol y por lo que este país aporta y ha aportado al deporte rey. Y aunque Ken Follet no haya tenido esto en mente cuando escribió su obra más conocida, en términos estrictamente futbolísticos bien puede decirse que la liga profesional española es indudablemente uno de Los pilares de la Tierra. Lo ha sido casi desde el principio del auge del fútbol y lo sigue siendo hoy.

Buena parte de los mejores futbolistas de la historia pasaron en algún momento por clubes españoles. Maradona, Ronaldinho, Di Stéfano, Zidane, Romario, Ronaldo, Puskas, Kubala y Cruyff, por citar algunos nombres, han jugado en equipos del país de la piel de toro. En la actualidad en la Liga juegan los últimos tres FIFA World Player: Messi, Cristiano Ronalo y Kaká, y otras figuras que bien lo podrían recibir este año y que son figuras indiscutidas a nivel mundial, como Xavi, Iniesta, Casillas y David Villa, entre muchos otros.

A escala global, la Liga sólo rivaliza con la Premier League inglesa. El interés que despierta el campeonato español más allá de sus fronteras, la cantidad de países a los que se transmiten sus partidos, los millones de seguidores que equipos como Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid, Valencia, Sevilla o Villarreal tienen por todo el mundo así como las camisetas y todo el merchandising imaginable que se venden en otros países, sólo es equiparable a lo que genera el campeonato inglés.

Tanto el atractivo y el interés que despierta el fútbol español como el dinero que mueve, es muy superior a los del fútbol italiano, alemán, holandés o francés.

Y en lo estrictamente deportivo, su fútbol es uno de los más laureados a nivel clubes (junto a Italia, España es el país cuyos equipos más veces han ganado la Copa de Europa – 12 veces cada uno, seguidos de Inglaterra con 11, y Alemania y Holanda, con seis títulos cada uno-).

Pero a nivel selección las alegrías habían sido muy pocas y las decepciones y tristezas muchas, demasiadas para una nación (o nación de naciones, no vayamos a herir susceptibilidades) tan futbolera como ésta. Hasta antes de Sudáfrica, España contaba sólo con dos Eurocopas en su haber (1964 y 2008) como máximos logros colectivos. Jamás había sido capaz, siquiera, de llegar a las semifinales de un mundial de fútbol.

Por eso lo conseguido ahora por el equipo de Del Bosque tiene tanto mérito. La consagración como campeona del mundo, ahora sí, convierte a España en miembro destacado del selecto club de las grandes naciones del balompié.

Este título, sumado a la Eurocopa conseguida dos años atrás, callará para siempre los comentarios maliciosos y con aires de superioridad (despectivos en muchas ocasiones) que hinchas y no pocos periodistas de otros países gustaban de utilizar para minimizar la valía del fútbol español. Las críticas y las chicanas ahora son reemplazadas por aplausos y elogios. Ya era hora.


De la escuela holandesa a la escuela española


Decíamos también que el título de campeón del mundo conseguido por España era necesario. Y lo es por el sencillo motivo de que quien gana marca tendencia, crea escuela. Y qué mejor que aspirar a que esta fiebre española, tan distinta a la Furia de antaño, sea la que recorra ahora el mundo.

No estaría nada mal, sobre todo considerando que los amantes del catenaccio, de las propuestas mezquinas, de los que no entienden el fútbol como una posibilidad para el disfrute, en 2010 parecían estar de parabienes. El Inter de Mourinho, con su propuesta rácana, se hizo con todos los títulos posibles este año, Champions League incluida. El técnico portugués acabó siendo fichado a golpe de chequera por un Real Madrid que ve en él el antídoto al Barcelona de Guardiola y al que le han puesto la etiqueta de ganador infalible.

El Inter de Mourinho, el Brasil de Dunga, que parecía predestinado al éxito, la Italia campeona de 2006, han provisto de argumentos a quienes esgrimen que el fútbol deber ser eficaz o no ser, aquellos para los que un partido de fútbol consiste en asumir el menor riesgo posible, aprovechar los errores del rival y mantener la portería propia a cero. Los mismos que sostienen sin cortarse un pelo que “para ver espectáculo es mejor ir al teatro”.

Protegidos tras el barniz de autoridad y credibilidad que dan las victorias, los Mourinhos, Dungas, Lippis y Capellos que irrumpieron por todas partes (periodistas incluidos) parecían los apóstoles de una doctrina que no admitía reparo alguno. Por contra, el fútbol vistoso, alegre, el que asume riesgos, busca la victoria siempre y no está reñido con la idea de espectáculo, ha estado siempre en duda, bajo constante sospecha.

A diferencia de los pragmáticos, los representantes de esta corriente futbolística están siempre obligados a demostrar que de esa manera también se pueden conseguir victorias. La jauría de detractores dispuestos a saltarles a la yugular está permanentemente al acecho, esperando el menor traspié para reivindicar que la suya es la única opción válida.

Si España hubiera caído ante Holanda, la lección a impartir hubiera sido esta: “El tiqui taca no sirve para ser campeones, para conseguir títulos hay que dejarse de florituras y ser pragmáticos”. Y ahí radica la paradoja holandesa: fundadores de una filosofía futbolística que arraigó fuertemente en el corazón y la mente de millones, al punto de convertirse en una moral, los tulipanes fueron víctimas de los cantos de sirenas de los adalides del resultadismo puro. Lo dijo su propio técnico Bert van Marwijk al llegar a Sudáfrica y lo repitieron varios jugadores, como Wesley Sneijder: “No nos preocupa jugar bien, vinimos a ganar”, aseguraron, como si ambas cosas fueran incompatibles. Pero ahí va que al igual que en 1974 y 1978, los holandeses volvieron a perder la final de un mundial.


Karate kid. De Jong hace diana en el pecho del español Xabi Alonso.
El holandés confundió la final del mundial de fútbol con la de alguna
competición de artes marciales.


La renuncia al estilo que les dio fama y prestigio eternos en favor de un fútbol preocupado exclusivamente por el resultado justamente no les dio resultado.

La moraleja es hermosa, si no se es holandés, claro: “Si no ganaron cuando jugaban bien y se lo merecían, mucho menos van a ganar ahora que hacen un fútbol tan mezquino y especulativo”.

Ironías del destino
, lo llamarán unos; justicia poética, dirán otros; yo prefiero el más llano la pifiaste feo, Van Marwijk.

Por todo esto quienes durante años hemos tenido a Holanda como la selección comodín, esa a la que esperamos que le vaya bien y que anhelamos que alguna vez el fútbol le conceda la gloria tan merecida, disfrutamos tanto de las victorias del Barcelona de Pep Guardiola y de la selección española de Vicente Del Bosque, mucho más holandeses que los propios holandeses y verdaderos guardianes del tarro de las esencias de aquella Naranja Mecánica de los años 70 reencarnada en la Taronja Blaugrana y en la Roja Mécanica de este inicio de siglo.

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P.D.1: Aunque no puedo mostrar un porcentaje de acierto tan elevado como el del Pulpo Paul, ahí están los pronósticos que hice antes de varios de los partidos del mundial, o aquella entrada de enero de este año (Hagan sus apuestas), en la que decía cuáles eran, a mi entender, los candidatos. Pifias aparte, hay varios aciertos. El principal, el que vengo sosteniendo desde hace más de dos años: que España era para mí la gran favorita.

Algunos tal vez tengan o recuerden aquel email de enero de 2008 en el que decía que veía a la Roja como candidata para ganar la Eurocopa que se jugaría ese año y para el mundial de dos años después. Y lo decía cuando ni siquera en España se creía mucho en esta selección. De hecho, el gran pasatiempo de los humoristas nacionales por aquellos días era mofarse de que su selección nunca pasaba de cuartos de final en las grandes competiciones. ¿Se acuerdan de la versión del A por ellos, oé, con la letra cambiada que decía Hasta cuartos y con suerte oé, oé?

También por aquella época Xavi estaba en duda en el Barcelona y en el club culé había quienes presionaban para fichar a Mourinho. Amplios sectores de la prensa deportiva secundaban estas ideas. Los mismos que entonces pedían la venta de Xavi y la contratación del portugués, hoy piden el Balón de Oro para el crack de Terrassa y la canonización de Guardiola. ¿Quién dijo oportunistas?

P.D.2: En pleno furor por el Pulpo Paul, resulta extraño que los directivos de los canales de televisión, sobre todo los que incluyen programación infantil, no hayan recuperado la serie de dibujos animados de El Pulpo Manotas (Squiddly Diddly en inglés), una de las muchas creaciones del célebre tándem Hanna & Barbera y que tantas buenas tardes me hizo pasar de chico (y de no tan chico también).

Manotas no era un pulpo pitoniso como Paul, pero al igual que éste era la principal atracción del acuario en el que vivía. Era, además, un eximio instrumentista musical y un catalizador de aventuras de toda clase.




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9 de julio de 2010

Holanda y España, a un paso de la gloria


Por la gloria. Casillas alzando la Copa el día que España se consagró
campeón de Europa. El domingo los españoles buscarán levantar una copa distinta.

El próximo domingo habrá nuevo campeón mundial de fútbol. España y Holanda buscarán levantar por primera vez la preciada copa. En el caso de los holandeses, será la tercera vez que lo intenten, luego de no conseguirlo en los mundiales de Alemania 74 y Argentina 78. En ambos casos, perdieron la final ante los equipos anfitriones. Mientras que para España será la primera vez que dispute el partido final.

Aunque pueda sonar un poco temerario aventurar un resultado, como antes del partido con Alemania en semifinales, tengo la firme sensación de que España ganará el título.

Tanto la historia como la esencia del juego demuestran que en el fútbol puede pasar cualquier cosa y nada, absolutamente nada, se puede dar por seguro. Ya lo dijo el mítico periodista deportivo argentino Dante Panzeri: “El fútbol es la dinámica de lo impensado”.

Aún así, y sin dudar de los méritos y recursos del equipo oranje, pienso que los de Del Bosque conseguirán el triunfo. Y no sólo eso sino que me da que el arco, que tanto se les ha resistido a lo largo de la competición, se les abrirá un poco más a los jugadores españoles. No hay mejor escenario que una final para que aparezcan los goles que se atragantaron en otras fases.

DOS VIEJOS ACREEDORES DEL FÚTBOL

Una de las grandes verdades de este deporte, aunque tenga un tufillo a folletín y una pizca de esotérico, dice que “el fútbol paga sus deudas”. Eso sí, como ocurre con algunos países y empresas , puede tomarse largos años en saldar sus deudas. Y si no, que se lo pregunten a los alemanes, quienes luego del gol fantasma que les cobraron en contra en la final del Mundial del 66 contra los ingleses, tuvieron que esperar 44 años, hasta el partido de octavos de final de este año, para que esta vez fueran los ingleses los perjudicados por el árbitro en la eliminatoria entre ambos.

Hace mucho tiempo que Holanda debió haber conseguido su primera copa del mundo. La del 70 fue la década del fútbol holandés. En aquellos años, los de los países bajos revolucionaron el fútbol, e inauguraron la etapa moderna de este deporte.

Partiendo del Ajax de Cruyff y continuando con la selección nacional, los holandeses exhibieron una manera de entender y practicar el fútbol que los llevó a lo más alto y que enamoró a millones de personas en todo el mundo. Lo llamaron el fútbol total y con él el Ajax lo ganó todo y la selección se quedó a las puertas solamente de la gloria formal puesto que moral y emocionalmente ya se habían consagrado de manera indiscutida en el imaginario y el corazón de muchos.

Curiosamente esta manera de entender el juego, que se convirtió en toda una marca de lo holandés, hoy la representa mejor que nadie el fútbol español. La selección nacional aparece como una extensión del Barcelona de Pep Guardiola, un conjunto esencialmente holandés, representante modélico de la mentalidad que Johan Cruyff supo imprimir en la institución catalana primero como futbolista y luego como entrenador, líder espiritual y oráculo.


Maestro. Johan Cruyff es el eslabón que úne
la Holanda de ayer con la España de hoy.

Holanda ha hecho mucho por el buen fútbol. Es, junto al Brasil de México 70, el gran mito de los románticos de este deporte. En algún momento la eterna postergada conseguirá la gloria que tanto le corresponde. Y creo que en cierta forma se lo cobrará este año, pero por equipo interpuesto. El próximo domingo el deporte Rey premiará a los representantes de esta corriente futbolística. Y esos representantes, paradójicamente, no son los holandeses sino los españoles.

CHOQUE DE ESTILOS

La Holanda actual ha decidido ser "menos holandesa" y volverse más pragmática. Como en Brasil - aunque por suerte no de manera tan acentuada- también en ellos ha calado la idea de que con el jogo bonito no se ganan títulos y que más vale blindarse en defensa, jugar a la contra y aprovechar los errores del rival. La iniciativa y el fútbol champange no son su prioridad en la actualidad.

En este sentido, hasta el momento no le han ido mal las cosas. Desde que el cargo de entrenador lo asumiera Bert Van Marwijk, Holanda sólo ha conocido la victoria en los partidos oficiales. Ha ganado todos los enfrentamientos disputados en la fase de clasificación y en este mundial.

El domingo su propuesta no será muy diferente de la que mostraron ante Brasil. Presumiblemente, España se encontrará una vez más con un equipo que le cederá la iniciativa y que lo esperará atrás dispuesto a lanzar contraataques como puñales. Alemania ya intentó hacer algo parecido en semifinales y acabó llevándose un baño antológico. La diferencia es que a la contra Holanda tiene más mordiente que los dirigidos por Joachim Löw.

Pero si algo ha demostrado esta selección española es la firme convicción que tiene en su manera de entender el fútbol. El domingo saldrá a hacer el juego de siempre sabiendo que la gloria la espera y que si ha llegado hasta aquí por ese camino, no tiene sentido cambiar. En lugar de dar un paso atrás, España redoblará su apuesta.

LAS CLAVES DEL PARTIDO

La defensa holandesa no es de las más firmes del campeonato y el control del medio campo no parece estar en duda: será territorio español. Si el árbitro está atento y Van Bommel hace de Van Bommel, hay muchas posibilidades de que el ex jugador del Barcelona acabe viendo la tarjeta roja.

Por su parte España sabe que principalmente deberá controlar a Sneijder y Robben, dos viejos conocidos de los españoles. Al primero le basta con que le caiga una pelota más o menos fácil para montar de la nada y desde cualquier parte del campo una contra de manual. Y el segundo es temible en carrera, con espacios y con el balón pegado al pie. En eso recuerda mucho a Messi. Tiene una gran capacidad para arrastrar marcas, forzar faltas y un gran disparo de media distancia. Joan Capdevila tendrá una noche agitada en su lateral.

Holanda, por su parte, deberá hacer frente al fútbol coral de España. El domingo se sentirá como en los años 70 se sentían los rivales que se enfrentaban a ella. Enfrente tendrá un rival que hace un culto y un arte de la posesión y la circulación del balón.

Ojalá que salga un buen partido y, en mi caso, que España consiga un título que también se lo tiene largamente merecido por lo que el país ha hecho por este deporte y por lo que su selección hace en la actualidad.

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1 de abril de 2010

Arsenal-Barça o el fútbol como una de las bellas artes


Lujo. Cesc persigue a Messi, quien no tuvo una actuación destacada. El césped del Emirates fue la alfombra sobre la que gunners y culés brindaron una exhibición fubolística.


No defraudaron. Claro que no. ¿Cómo podrían hacer una cosa así? El encuentro de ida de los cuartos de final de la Champions League entre Arsenal y Barcelona fue un auténtico placer. Ver el enfrentamiento entre gunners y culés fue como degustar una de esas exquisiteces que pocas veces uno puede probar, pero que cuando lo hace ya nunca más olvida ese recuerdo, ese sabor. En realidad, lo de anoche fue incluso más que eso. Sobre todo los primeros 19 minutos, en los que el Barcelona emuló sobre el impecable césped del Emirates Stadium al ballet del Bolshoi con la diferencia de que sus hombres llevaban botas de fútbol en lugar de zapatillas de danza. En plena semana santa jugaron como los dioses.

De no haber sido por la soberbia actuación del arquero del Arsenal Manuel Almunia, el Barça pudo haber logrado una goleada de escándalo. Lo del equipo español tiene todavía más mérito si se consideran la instancia de la competición, la envergadura del rival y el escenario en el que se jugó. En campo ajeno el Barça jugó como en casa. E incluso mejor. Durante buena parte del partido el balón modelo Finale de Adidas con el que se disputó el encuentro fue propiedad exclusiva de los azulgrana, ayer de camiseta amarillo chillón. El cuero fue un objeto llamativo, extraño y casi inasible para los jugadores del Arsenal, que se desfondaban corriendo inútilmente detrás de él.

El Barça consiguió esto ante un equipo como el inglés que concibe el fútbol justamente a partir del control de la pelota. Acostumbrados a que sean los rivales quienes vean el esférico pasar de un lado a otro sin poder hacer casi nada, ayer los dirigidos por Arsène Wenger recibieron una clase magistral de futbol de toque, pases milimétricos y desmarques prodigiosos.

Durante buena parte del encuentro el Barcelona dispuso de una posesión de la pelota de más del 70 por ciento. Y para nada fue un dominio intrascendente o cosmético. Los chicos de Guardiola jugaron casi todo el tiempo en campo rival, ensanchando y alargando el campo a placer, trazando pases cortos, largos y combinaciones de toda clase, con velocidad, precisión y, sobre todo, mala intención. Llegaban una y otra vez a posición de gol pero la pelota no quería entrar. O mejor dicho, el que no quería que entrara era el portero Almunia, que por momentos pareció tener más de dos brazos.

Pese a encajar dos goles en la segunda parte y de estar al borde del nocaut definitivo, el Arsenal resistió y supo dar buenas muestras de su juego, que en esencia es el mismo que el del Barcelona. Cuando atacaba el Arsenal, parecía que el que lo hacía era el Barça pero con otra camiseta.

Aunque fue duda hasta último momento y estaba muy mermado físicamente, los gunners se encomendaron pese a todo a su líder, Cesc Fábregas. El catalán, formado en la Masía, tomó el timón de su equipo para alejarlo del precipicio al que lo había arrastrado el Barcelona y al que parecía a punto de precipitarse.

Con un casi desparecido Nasri y con Arshavin reemplazado a la media hora de juego, Cesc encontró a sus mejores socios en Edmilson y, sobre todo, en Theo Walcott, que ayer volvió a mostrar su mejor cara, esa que lo convirtió en una de las máximas esperanzas del fútbol inglés. El ingreso en la segunda mitad del veloz delantero fue providencial para el equipo dirigido por Wenger. Hizo un auténtico estropicio por la banda izquierda de la defensa visitante, por donde se coló para anotar el 1-2 y por donde llegaron las mejores aproximaciones del Arsenal al arco muy bien defendido, una vez más, por Víctor Valdés.

El Barcelona pudo haber goleado, terminó empatando y hasta pudo haber perdido. Estos cambios repentinos de situación, que tan perjudiciales son en otros ámbitos como la economía, son los que hacen al fútbol el deporte tan maravilloso que es.

¡Y todavía queda la revancha la semana que viene en el Camp Nou! A Wenger y a Pep habría que declararlos patrimonio de la Humanidad y mostrarles gratitud eterna. La mía la tienen hace rato.

pd: para mí, uno de los momentos más emocionantes de la noche fue cuando Wenger y Guardiola se saludaron antes del inicio del partido. El saludo fue afectuoso y Pep aprovechó para susurrarle algo al oído al alsaciano. Seguramente habrán sido palabras de admiración y agradecimiento. Llevo un buen rato recorriendo diarios y google imágenes, pero no encuentro la foto del momento del saludo. En un mundo ideal, esa foto habría sido la tapa de todos los diarios.
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5 de enero de 2010

Dos cabalgan juntos


Marca registrada. Para Guardiola, hay cosas que no
se negocian, como el estilo de juego que debe mostrar el Barça.


Al frente. Los equipos de Valverde se caracterizan
por su propuesta ofensiva.



Aquí por el blog empezamos el año como se empiezan siempre: un poco remolones, como si todavía estuviéramos digiriendo los atracones que nos pegamos en las fiestas (y eso que todavía falta el roscón de Reyes), y sin ponerle demasiadas energías a cosas nuevas. Es, por tanto, un momento propicio para la nostalgia y las reafirmaciones ideológicas y estéticas, al menos en el plano futbolístico.

Dos cabalgan juntos es el título (bastante cercano al original, ¡sorpresa, sorpresa!) con el que se conoce en España la película Two rode together de John Ford, y que, básicamente, cuenta la relación del sheriff Guthrie McCabe (interpretado por James Stewart) con su mejor amigo y fiel ladero Jim Gary (Richard Widmark), quienes unidos deben cumpir con una difícil misión que les encargan.

Dos cabalgan juntos es también el título, nada casual y perfectamente elegido, que Andoni Zubizarreta escogió para el texto que publica esta semana en Área de meta, la columna que firma en las páginas deportivas del diario El País. Los "dos jinetes" a los que se refiere el recordado ex portero son Pep Guardiola y el “Txingurri” Ernesto Valverde, técnicos del Barcelona y del Villarreal respectivamente. El sábado pasado ambos conjuntos se enfrentaron en el Camp Nou y, como viene ocurriendo desde hace tres años cada vez que estos equipos juegan en el coliseo azulgrana, el partido terminó empatado (1-1).

Valverde y Guardiola, aunque con diferencias, representan el mismo estilo de juego: fútbol ofensivo, con las individualidades siempre al servicio del conjunto, y con la posesión del balón como principio fundamental de su propuesta futbolística. Son dos tipos que transitan por el mismo camino. Dos tipos que, en ese sentido, cabalgan juntos

Valverde y Guardiola son de esos técnicos a cuyos equipos uno siempre quiere ver jugar. De la actual liga española, habría que sumar a este grupo a Manuel Pellegrini (Real Madrid) y a Unai Emery (Valencia). Este último tiene marcados parecidos con Marcelo Bielsa aunque últimamente se está dejando llevar demasiado por el paladar de la parroquia valencianista que le exige ser más defensivo, ceder la iniciativa al rival y jugar más a la contra. El fútbol del Valencia está acusando demasiado las exigencias que le imponen gran parte de la afición y de la directiva del club. Y es una lástima, porque Emery, que irrumpió hace tres temporadas como una bocanada de aire fresco en primera división dirigiendo al Almería, corre el riesgo de desdibujarse por completo.

En fin, que esto trataba de la columna de Andoni Zubizarreta... Debajo va el enlace al texto, que es breve y merece la pena leerlo:

Dos cabalgan juntos (por Andoni Zubizarreta).

25 de noviembre de 2009

Lección del Barça frente al Inter


Satisfacción. Guardiola retiró a Iniesta pocos minutos antes de la
finalización del partido para que el Camp Nou ovacionara al de
Fuentealbilla.
La cara de Pep lo dice todo. (Foto Diario Marca).


Partidazo anoche del Barcelona ante el Inter. Partidazo de Andrés Iniesta, que parece haber recuperado el nivel luego de una larga lesión.

Llegaba el Barça a la cita de anoche sino cuestionado, sí con la soga casi al cuello: de perder anoche podría haber quedado eliminado de la Champions. “El actual campeón eliminado en primera vuelta”. Ese hubiera sido el titular de hoy, una noticia demasiado dura para los culés, sobre todo cuando faltan pocos días para el derby con el Real Madrid.

Aún sin Ibrahimovic y Messi, el equipo de Guardiola se bastó para darle un repaso a un decepcionante Inter, que prácticamente no inquietó a Víctor Valdés en toda la noche. No hubo noticias de Eto’o en su morboso regreso al Camp Nou. En su defensa hay que decir que el Inter no fue capaz de generar una jugada medianamente decente para que sus delanteros intentaran aprovecharla. Que se lo pregunten sino a Diego Milito, que se fajó todo el tiempo que estuvo en el campo con los defensas azulgrana. Se tiró a los costados, jugó de pivote, y hasta probó de lejos, recurso que él mismo ha admitido que no es su fuerte. Se fue reemplazado en la segunda parte por Balotelli, totalmente exhausto.

Además de disfrutar con Busquets, Iniesta y algunas perlas de Xavi (para enmarcar el pase que le da a Dani Alves en la jugada del segundo gol), el partido también dejó otras lecturas. Como la flojera de Maicon. Titular indiscutible para Dunga en la selección brasileña, Maicon pasa por ser uno de los mejores laterales derecho del mundo. A diferencia de Dani Alves, a quien tiene relegado a la suplencia en la Canarinha, el lateral del Inter no destaca por su carácter ofensivo sino por lo contrario, por su capacidad defensiva. Lo he visto muchas veces a Maicon y, sin que me parezca un mal jugador, tampoco he conseguido advertir las muchas virtudes que sus admiradores le asignan. Para mi es un jugador correcto y poco más. Y a veces, como anoche, ni eso. Ayer firmó un muy mal partido. Falló justamente en lo que se lo considera uno de los mejores: en la defensa. Tuvo responsabilidad directa en los dos goles: no presionó suficientemente en la marca a Henry cuando éste peinó la pelota para el gol de Piqué y, en la jugada del segundo gol, ni siquiera intentó rechazar el centro de Alves o estorbar al menos a Pedro para que no rematara con tanta comodidad.

Aunque se ha vuelto algo cada vez más habitual, no deja de sorprender que jugadores de élite cometan errores tan básicos, que se salten el abecé del juego. En este caso, defensores que no saben defender.

Para más y mejores detalles sobre el partido, leer la crónica de Ramón Besa en El País.