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20 de julio de 2010

Fútbol y religión: del pulpo Paul al padre Paul


Fe y convicción. Hay quienes tienen la certeza de que Dios existe.

Que el ser humano necesita creer en algo es un axioma que pocos se atreverían a refutar. El hombre tiene la imperiosa necesidad de creer en algo, lo que sea, que le dé sentido a su existencia o que al menos le sirva de refugio o de protección. De ahí que desde que comenzara a poblar el planeta el ser humano haya dedicado buena parte de su tiempo a adorar casi cualquier cosa.

Esa predisposición a creer en algo o alguien superior ha sido el origen de las religiones y su principal fuerza motora. Pero a lo largo de la historia la religión (en singular o en plural) ha tenido tanto seguidores como detractores. Por citar a algunos de éstos últimos, se puede nombrar a varios de los más destacados filósofos alemanes del siglo XIX (Immanuel Kant, Karlx Marx, Friedrich Engels) que fueron quienes con más insistencia comenzaron a decir aquello de que la religión era “el opio de los pueblos”.

En el siglo XX esta frase le hizo lugar al fútbol, que pasó a ser “el nuevo opio de los pueblos”. La nueva máxima fue acuñada no se sabe muy bien si queriendo demostrar que los pueblos se habían convertido decididamente en politoxicómanos, o que la filosofía se había vuelto repetitiva, escasa de ideas y con tendencia al autoplagio.

De cualquier manera, cabe destacar que el emparejamiento entre fútbol y religión ha sido fértil y suscitado todo tipo de comparaciones. Desde los estadios vistos como las catedrales de los paganos, hasta las misas multitudinarias como una prefiguración de los millones de espectadores que, bien sea en el estadio o a través de los medios de comunicación, siguen los partidos de sus equipos preferidos.

El fútbol y algunas religiones coinciden además en que sus seguidores -que a veces comparten ambas aficiones- profesan la admiración por figuras variadas, son proclives al fanatismo y a la formulación de promesas de obligado cumplimiento, y disponen de deidades varias y un amplio santoral que, gracias a las modernas técnicas de marketing, no paran de crecer.

La mezcolanza es tal que hay quienes no dudan en decir que para ellos “el fútbol es como una religión”, o bien que su religión “es el fútbol”. En cualquier caso, fútbol y religión constituyen antes que nada actos de fe, sobre todo viendo la clase de jugadores y de sacerdotes que algunos equipos y parroquias pueden llegar a tener. En esos casos sólo un profundo sentido de la fe y un muy marcado sentido de la fidelidad pueden evitar el abandono masivo de sus seguidores. A fin de cuentas, cada uno cree en lo que quiere o en lo que puede.

Loco por el fútbol

Hay personas, como el holandés Paul Vlaar, que están convencidas de que los muchos puntos en los que se tocan fútbol y religión no pueden ser más que buenos y que hay que aprovecharlos. Vlaar es (aunque es probable que a esta altura esté a punto de dejar de serlo) un sacerdote al que le gusta mucho el fútbol. Y como a todo buen aficionado holandés a este deporte, el pasado domingo 11 de julio se le presentaba como un día muy especial. La selección nacional disputaría esa noche, ante España, la final de la Copa del Mundo por tercer vez en su historia.

El bueno de Paul - que no tiene las dotes adivinatorias de su tocayo el pulpo, a quien hay quienes lo veneran casi como a un dios infalible- no tuvo mejor idea que decorar la iglesia con motivos futbolísticos para dar la misa ese domingo. Pero el párroco no se contentó con poner unos tulipanes en honor a su selección, que es conocida con ese mote, ni con colocar guirnaldas naranjas, color que identifica al combinado holandés. El padre Paul no sólo apareció vestido con una sotana naranja sino que dispuso junto al altar ¡un arco, con red y todo, en el que llegó a ponerse de arquero para intentar detener un penal lanzado por un feligrés! ¡Si hasta se llevó una Jabulani a la iglesia! .... Y luego dicen que ir a misa es aburrido.


Sólo le pido a Dios. El padre Paul ofició la que llamó Misa del
Mundial de Fútbol. Rezó para que ganara Holanda, pero no le alcanzó.


Las crónicas periodísticas que registraron esta noticia hablan de que los asistentes se fueron felices a casa tras la misa: seguramente se la prometían felices de cara al partido y nada sospechaban de que horas después los supuestos futbolistas holandeses terminarían ofreciendo una exhibición de artes marciales, confundiendo el verde del césped del estadio Soccer City con el verde de algún tatami.

A quienes no les han hecho ni pizca de gracia las ocurrencias del padre Paul (y suponemos que tampoco las del pulpo Paul, que había anticipado la derrota de los holandeses) ha sido a los responsables del Obispado de la región, quienes al enterarse de lo sucedido decidieron suspender a Vlaar y lo invitaron a que reflexionara sobre su conducta.

Pero ¿qué habría pasado si Holanda no hubiese perdido el partido y se hubiese consagrado ganadora del mundial? ¿Lo habrían suspendido igualmente al padre Paul? Tal vez los mandamases del obispado consideraron que el padre Paul fue gafe y decidieron descargar su frustración por la derrota suspendiéndolo de sus funciones. O quizás lo que les molestó es que no los hubiese invitado a participar del picadito en un escenario tan distinguido como la casa del Señor.

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8 de julio de 2010

Mundial de Sudáfrica: el personaje del año

Se suponía que el de Sudáfrica debía ser el mundial de la consagración definitiva de Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney. De todos o al menos de uno de ellos. También se esperaba mucho de Brasil en su conjunto y no pocos soñaban con que al menos una de las selecciones africanas consiguiera pasar de cuartos de final por primera vez en la historia. Sin embargo estas esperanzas terminaron en distintos grados de decepción.

El Mundial de Sudáfrica comenzó con dos nombres en boca de todos que se extendieron rápidamente por todo el planeta: Jabulani, ese hermoso y a la vez espantoso balón, y las vuvuzelas, esas cornetas cuyo irritante sonido tiene la dudosa virtud de conseguir que el griterío de los talk show televisivos suene como la más dulce de las melodías. El final del mundial nos ha regalado otro nombre que también ya ha alcanzado la celebridad mundial: el Pulpo Paul, el pitoniso infalible.

El cefalópodo, que vive en un acuario alemán, anunció de manera anticipada, y sin fallar, cuál sería el ganador de los partidos disputados por la selección germana. Paul, inicialmente venerado por toda Alemania y temido por los rivales, ahora corre riesgo de seguir siendo protagonista del verano, sólo que esta vez como ingrediente principal del célebre plato "pulpo a la gallega" en alguna fonda de Baviera. Y es que Paul había vaticinado que los gallegos, es decir España, derrotarían a Alemania, cosa que finalmente terminó sucediendo.


El pulpo Paul en el momento en que vaticinó la victoria de Alemania
sobre Argentina. (¡Pulpo de los hue... y la remil p... que te p..ió!)

Es tal la euforia y el apasionamiento que Paul ha generado entre los seguidores de la Roja que no sorprendería que castellanizaran su nombre y directamente pasaran a llamarlo Pablo, como si fuera un miembro más de la familia. Y es que el bicharraco éste ya está a un paso de ser considerado por parte de la afición española como un verdadero ídolo, casi a la altura de Villa, Iniesta o Xavi. Me parece que en nada se vienen las camisetas y el club de fans del pulpo...

Paul, la historia de un pulpo que ha acaparado todas las portadas y que se ha convertido ya en uno de los personajes más influyentes del año.

Paul, un pulpo que ha demostrado saber más de fútbol que buena parte de los periodistas deportivos y algún que otro entrenador (¿Argentina? ¿Francia? ¿Inglaterra? ¿Hay alguien ahí?).

Paul, un pulpo que ya se merece una película (¿Una épica, dirigida por Clint Eastwood? ¿Una de animación, a cargo de los chicos de la factoría Pixar? ¿Una de aventuras al estilo de la del delfín Flipper? ¿O más bien de terror, en plan Tiburón?).


Portada de la revista estadounidense Time, según el humorista argentino Nik.

(Debo confesar que días atrás, cuando en un informativo de televisión mostraron que Paul daba como ganador a España, instintivamente dí un salto y lo grité delante de la tele, apretando el puño y todo, como si estuviera celebrando un gol de verdad. Y bué, algunos creen en los presidentes y presidentas que votan... a mí se me da por celebrar a un pulpo que, al menos de momento, ha cumplido con "su palabra". El verano es lo que tiene, faltan las noticias y todos nos volvemos todavía un poco más estúpidos, con los medios en primer lugar).

Actualización: gracias al comentario de Vicente, pude leer la noticia ¡Cuidado con abusar de Paul! publicada por el diario español El Mundo. El texto refleja, entre otras cosas, la "preocupación" del presidente Rodríguez Zapatero ante la posibilidad de que se explote al animal (hablamos, en todo momento, única y exclusivamente del pulpo).

ZP lo ha dicho en tono jocoso. Más preocupante fue ver al ministro de Industria Miguel Sebastián soltar, aparentemente convencido de lo que decía, un discurso en el que hablaba de las supuestas mejoras económicas que traería para España una hipotética consagración el próximo domingo. Parecía un chiste sin una pizca de gracia.

Volviendo al texto de El Mundo (que figuraba entre las noticias más leídas del día), en él citan una web argentina de apuestas deportivas de recientísima creación y cuya dirección es http://www.elpulpopaul.com/. Vale la pena entrar aunque más no sea para ver las fotos e ilustraciones del octópodo.


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25 de junio de 2010

El indomable Jabulani

En España la película Good Will Hunting, dirigida por Gus Van Sant e interpretada por Matt Damon y Robin Williams, se conoce por el título de El indomable Will Hunting (En busca del destino en Latinoamérica). Para hablar del balón con el que se está jugando el Mundial de Fútbol de Sudáfrica podríamos jugar con el título español y hablar de El indomable Jabulani, tal es el nombre con el que han bautizado a la pelota oficial de la Copa del Mundo.

Como suele ocurrir con los que ocupan despachos y altos cargos, los directivos de la FIFA son propensos a tomar decisiones arbitrarias y de sentido discutible. Además de pensar cómo hacer más y más dinero, quienes dirigen el cotarro del fútbol planetario tienen otra obsesión que va directamente conectada a la anterior: pensar cómo hacer el fútbol más atractivo, cómo potenciar el espectáculo que se ve sobre el terreno de juego.

Y como en este bendito deporte las mayores emociones vienen dadas por los goles llegó un día en que los de la FIFA llegaron a la conclusión de que lo que hacía falta eran más goles por partido. Ya a finales de los años 80 sopesaron incluso la posibilidad de agrandar las porterías. Afortunadamente terminaron desechando una idea que, de haberse llevado a cabo, hubiera convertido en héroes nacionales a Julio Salinas, al Cuqui Silvani, a Josemari, al brasileño Muller y a tantísimos otros delanteros fallones y de escaso gol.


Puro apariencia. Estéticamente, la Jabulani es hermosa pero
sus prestaciones son horribles.

Descartada la modificación de los arcos, los jerarcas de la FIFA se cebaron con la pelota. Y al bueno del balón empezaron a pedirle de todo. Que sea más liviano, que haga movimientos extraños para complicar a los guardametas, que su vuelo sea más rápido... Estos fueron los nuevos objetivos fijados. Y a ello se pusieron hasta que lograron jubilar (¿jabulanear?) a pelotas del estilo de las maravillosas Tango (usadas en los mundiales de Argentina 78 y España 82), la insuperable Azteca (la pelota de mis sueños, usada en México 86) o la Etrusco Único (Italia 90).

Ya a partir de entonces la cosa se empezó a torcer y los balones se fueron haciendo cada vez más livianos. El asunto empezó a tornarse alarmante en Alemania 2006 con el Teamgeist, “el primer balón sin costuras y sellado térmicamente”. Todo muy lindo pero las prestaciones de la pelota eran bastante horribles. Y del Jabulani qué decir. Simplemente que se lleva la palma, es una aberración que atenta contra la práctica del fútbol.

Estéticamente Jabulani es hermosa. Pero su uso revela que es un horror. Al más mínimo toque, la pelota sale disparada. Los cambios de frente se tornan imposibles de controlar. Cuando toma velocidad, no gira, sólo hace extraños movimientos que desconciertan a los porteros y desvirtúan el sentido del juego. Hay jugadores como Cristiano Ronaldo que tienen un disparo horroroso pero que en los tiros libres se ven favorecidos gracias a estos subproductos. Hasta el más inútil y debilucho de los jugadores es capaz de meter un trallazo por la escuadra desde larga distancia.



Insuperable. Con un balón Adidas Azteca como éste, Diego Maradona
firmó contra los ingleses sus dos goles más conodicos.



Con estos balones que parecen más bien pelotas de playa, cualquier coquinazo puede acabar en la red. Y si uno le pega con comba o de chanfle, el esférico rara vez adquiere el efecto deseado. Las virtudes y los defectos de antaño ahora se ven invertidos por culpa de esta nueva generación de pelotas horrendas.

Hasta la dialéctica futbolera se ve afectada. Y eso sí que es grave. La gente del fútbol (relatores, periodistas, jugadores, técnicos, aficionados) estamos acostumbrados a hablar de “el cuero” o de “la de cuero”. Pero resulta que Jabulani no es de cuero sino que está hecha al 100% de materiales sintéticos. Si no se rectifica y se sigue jugando con Jabulanis y similares, quienes no gustamos de las imprecisiones ya no podremos seguir refiriéndonos a la pelota como “la de cuero”. Obviamente tampoco diremos cosas como “pasame la de materiales sintéticos” o “el defensa rechazó la térmicamente sellada”. Simplemente nos tendremos que conformar con frases más prosaicas y contundentes del estilo de “dame esa pelota de m.....”.

¡Basta de aberraciones! La FIFA debería ocuparse de volver a los balones de toda la vida, los que no adquieren vuelos sobrenaturales. Aquellas pelotas a las que uno de chico untaba con grasa animal para cuidar el cuero y que eran un placer oler. Y aunque eran un tanto incómodas, uno tampoco tenía demasiados problemas en dormir abrazado a ellas. Me imagino que dormir hoy abrazado a una Jabulani debe ser como hacerlo con una mujer adicta a la cirugías estéticas y al bótox, tipo la presidenta argentina Cristina Kirchner o la duquesa de Alba. También en asuntos balompédicos lo natural siempre es mucho mejor que el plástico.


Más información sobre Jabulani:
Expectativas (Enric González)
Lo del Jabulani no es para tanto (Video de RTVE sobre un estudio científico acerca de Jabulani)
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