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20 de enero de 2010

Mundial de Sudáfrica: hagan sus apuestas



Objetivo: la final. Todos los equipos querrán estar el 11 de julio en el Soccer City Stadium. Sólo habrá lugar para dos.


Estamos en 2010, año de mundial de fútbol. Año, por tanto, en el que las conversaciones de una inmensa parte de la población mundial se irán centrando más y más en los asuntos balompédicos a medida que nos vayamos acercando al 11 de junio, día en que a partir de las 4 de la tarde (hora local) la pelota empezará a rodar sobre el césped del estadio Soccer City de Johannesburgo, escenario que albergará la ceremonia inaugural y el primer partido: Sudáfrica vs.México.

De aquí en adelante, se dirán, escribirán y mostrarán (y lógicamente se verán, escucharán y leerán) cantidades abrumadoras de cosas. El blablablá futbolístico, de por sí excesivo, febril y de creciente tendencia al paroxismo, se intensificará todavía más.

Aunque las cosas todavía parecen estar en relativa calma (en Sudamérica la gente anda ocupada con la vida veraniega; en Europa, las ligas locales y las copas continentales distraen al personal; y en la otra gran zona futbolera del planeta, estos días se entretienen con la Copa África) podemos decir, excusándonos en que el 2010 ya ha empezado, que la veda para hacer pronósticos está abierta.

Una de las cosas sin dudas más divertidas que tiene esto de los mundiales es el hacer pronósticos, auténtica tentación tanto para el entendido como para el neófito en la materia. Todos pueden apostar, cantar sus favoritos, exponer sus teorías. Jugar al oráculo, a ser una especie de Nostradamus del Fútbol, es un divertimento al alcance de todos. Lo único seguro es que los desaciertos, las decepciones y los imprevistos estarán a la orden del día.

Aunque el fútbol no es un deporte que esté del todo reñido con la lógica, es bien sabido que las cosas nunca transcurren al cien por cien por los causes esperables. Por lo tanto hacer pronósticos es un ejercicio de sana irresponsabilidad (siempre que no se apueste dinero o cosas de valor). Y, qué duda cabe, yo no pienso resistirme a la posibilidad de hacer pronósticos.

A continuación, mi lista de candidatos.

Candidatos

Para mi sorpresa (y no sé si esto es buena señal o no) los favoritos que nombró hace algunas semanas Michael Platini, tótem del fútbol francés y actualmente presidente de la UEFA, son exactamente los mismos que los míos: España, Brasil e Inglaterra. Para mí son en ese orden, aunque Platini puso por delante a Brasil, seguido de la Roja y en tercer lugar a los ingleses.

Pero llegar como candidato número 1 al título es muchas veces el anuncio anticipado del fracaso. A los argentinos nos basta con recordar el mundial del 2002 (hasta ahora me cuesta creer que nos volvimos en primera vuelta y sigo sin entender cómo fue posible que Suecia aguantara el empate y no se llevará una canasta llena de goles).

España: A principios de 2008, cuando incluso en España se reían de su selección, se pedía la renuncia del técnico y los programas humorísticos de televisión se mofaban del representativo nacional, escribí diciendo que la Roja era para mí la gran candidata a ganar la Eurocopa que finalmente terminó adjudicándose de manera brillante a mediados de ese año. Cuando escribí eso también me aventuré a decir que España era candidata no sólo a la Eurocopa sino también al mundial de Sudáfrica. Y la verdad es que hasta el momento muy errado no anduve.

Brasil: Brasil siempre es Brasil. A su favor: el peso de la camiseta, grandes jugadores y la obsesión de todo un país. Si a eso le sumamos que Dunga les ha dotado de gran solidez defensiva y de que tienen un arquerazo como Julio César, la cosa pinta bien para la verdeamarelha. Sin embargo, y aquí no hay explicación lógica, me da que no estarán a la altura. Algo en la nariz, en el olfato, me lo indica. Tal vez ese olor venga de las ganas que tengo, como argentino, de que se queden eliminados cuanto antes. Pero sea lo que sea, eso es lo que huelo.

Inglaterra: cuenta con algunos muy buenos jugadores que a nivel selección han tenido una carrera poco menos que intrascendente. Los Rooney, Terry, Gerrard, Beckam, Lampard, Agbonlahore, Walcott y compañía ni siquiera han participado en la última Eurocopa y llevan demasiado tiempo penando con su selección. Es decir, ganas de lograr algo tienen de sobra. Y además, tienen en el banquillo a Fabio Capello, uno de los máximos referentes del antifútbol que sin embargo tiene una más que contrastada capacidad de hacer equipos tremendamente competitivos y a menudo ganadores (el palmarés de Capello es sencillamente acojonante).

Desde Argentina '78 no se jugaba un mundial en pleno invierno. A los brasileños no les gusta el frío y los europeos se sienten como en casa


Los “segundones” y las posibles sorpresas

Luego vienen otras selecciones, de potencial considerable pero que, por distintos motivos, cuando faltan apenas cinco meses para el mundial todavía despiertan muchas dudas. En este grupo de, a priori, “segundones” que pueden tranquilamente hacerse con el título, pondría a Holanda, Argentina, Alemania y tal vez Costa de Marfil, aunque un poco más atrás.

Holanda: la veo un poco como a España antes de la Eurocopa de 2008: un grupo de muy buenos futbolistas, jóvenes en su mayoría pero con experiencia en las ligas europeas más fuertes, y con un ADN futbolístico por el que siento debilidad.

Argentina: tiene a Messi. Y eso es mucho, aunque no suficiente, claro. Le falta gente con buen pie en la mitad de la cancha, y una defensa en condiciones. Futbolistas con la nacionalidad argentina y condiciones más que aceptables, existen, tenemos unos cuántos. El tema, el gran asunto, el quid de toda esta cuestión es el técnico. De Maradona se puede esperar lo mejor o lo peor, y siempre tener serias posibilidades de acertar. Como el fútbol es un estado de ánimo pero también un asunto de fe, prefiero creer en el enorme ángel (decir tarro quedaría un poco grosero) que este tipo ha tenido a lo largo de su carrera. Ojalá lo siga teniendo y lo pueda transmitir al equipo, porque buena falta nos hará. (¡Llamá a Perotti, Diegote!)

Alemania: "El fútbol es un deporte que juegan once contra once y en el que siempre gana Alemania". Esto es lo que dijo Gary Lineker luego de que Inglaterra fuera eliminada por Alemania en el mundial de Italia '90. Nada ha cambiado. Nunca hay que descartar a la Mannschaft.

Costa de Marfil: Tiene a Drogba. Además de su consabida potencia y calidad, los futbolistas africanos, en general, han conseguido superar con los años y el roce internacional su gran tendón de Aquiles: la anarquía táctica. A fuerza de forjarse en las ligas europeas más exigentes, las selecciones africanas ya no cuentan sólo con grandes goleadores, sino que también han comenzado a sacar muy buenos mediocampistas y defensas, con conocimiento y buena lectura del juego. Costa de Marfil puede ser el matagigantes de este torneo aunque dependerá muchísimo de que Drogba llegue en excelente estado.

Entre los equipos que pueden dar más de un susto y hacer un destacado papel, creo que pueden estar Chile (¡vamos Bielsa, carajo!), Portugal y Estados Unidos (más atrás, Ghana y Serbia).

El invierno como cábala

Aún no he escuchado que se hable de esto, pero hay un hecho que creo que puede influir, y bastante. Por primera vez en 32 años, el mundial vuelve a jugarse en invierno. El último antecedente es el de Argentina '78, año en el que ganamos nuestro primer título. A los brasileños no les gusta el frío, y los europeos se sienten como en casa. Creo que es un factor a tener en cuenta. Yo, por mi parte, prefiero recordar que en el frío de Buenos Aires, cuando aún no había cumplido un año y Argentina vivía los peores años de su historia, ganamos nuestro primer título.
Ojalá que el invierno sudafricano nos permita repetir la victoria.

En fin, que el 11 de julio a las 20:30 se juega la final. Al final podremos ver este pronóstico (como otros tantos miles) y comprobar que no he acertado en nada, y que Honduras llegó a semifinales y Argelia se llevó la copa. O todo lo contrario.

La veda está abierta: señores y señoras, hagan sus apuestas.

23 de noviembre de 2009

España-Argentina: de talento y conitos


La Pulga lo grita. Messi festeja el gol del empate transitorio.
Increíblemente, en Argentina el rosarino es siempre un hombre
bajo sospecha.



Iniesta sobre patines. Así juega el del Barça, deslizándose,
siempre rodeado de contrarios. Demichelis todavía no llega con

la guadaña e Iniesta ya descargó el balón y se está saliendo de
la zona. Gago, como siempre, la mira desde fuera.



Así como en el barrio el que tenía los botines y las medias Adidas no era el que mejor jugaba, ni el arquero que tenía guantes Reusch era el que mejor atajaba, hacer el calentamiento previo a un partido ejercitándose en un espacio delimitado con conitos de plástico tampoco asegura la victoria. Pero hay veces en que puede decirse que la anticipa o la presagia. O, al menos, da indicios que permiten hacer conjeturas sobre el estado y concentración de un equipo y los de su rival.

El sábado 14 de noviembre se enfrentaron las selecciones de España y Argentina en el estadio Vicente Calderón (victoria 2-1 para los locales). Y puede decirse que esa noche los españoles empezaron a ganar el partido desde que saltaron al terreno de juego para hacer movimientos de calentamiento. Media hora antes del inicio del partido, todos los jugadores del plantel español salieron al césped a calentar. Junto a un lateral se quedaron los suplentes, mientras que los que serían titulares se dirigieron al otro acompañados del preparador físico, que minutos antes había dispuesto en esa zona, con la ayuda de un colaborador, una serie de conitos muy chatos y de color rojo repartidos espaciadamente. Los futbolistas llegaron y comenzaron de manera automática una serie de ejercicios (saltos, carreras a distintas intensidades, eslaloms) bajo la atenta mirada del preparador. Al mismo tiempo, Casillas y Pepe Reina se ejercitaban con el preparador de arqueros.

Después de las carreras y los saltos, los jugadores pasaron a los ejercicios con pelota. Se pasaron varios minutos tocando el balón a no más de dos toques por jugador (lo que en España se llama hacer un rondo y en Argentina hacer un loco). Recién en ese momento, cuando los españoles ya llevaban 10 minutos calentando, se asomaron por el túnel los jugadores argentinos. Con una mezcla de parsimonia y displicencia, hicieron elongaciones y algunas carreras de baja intensidad y se volvieron al vestuario sin tocar siquiera la pelota.

Las consecuencias se vieron luego en el partido: España se adueñó del balón, lo controló en todo momento y, sobre todo, supo cómo jugarlo: a un toque, con velocidad y precisión, con los jugadores mimando el cuero y tirando paredes y desmarques todo el tiempo. Por el contrario, los argentinos se dedicaron a la pierna fuerte, se replegaron en su campo y cada vez que les caía la pelota, no sabían qué hacer con ella. Las explicaciones a las diferencias en el trato del balón son muy sencillas: en España los encargados de dirigir el juego eran Xavi y Xabi Alonso, que se combinaban constantemente con Busquets, Iniesta y Silva. En Argentina, el balón lo jugaban principalmente Heinze y Demichelis y el conductor era, se supone, Gago (¡horror de jugadores!).


Recientemente, y a propósito de las sorprendentes y excesivas críticas que recibe Messi en Argentina cada vez que juega con la selección, un columnista del periódico La Vanguardia escribió: "Las críticas a Messi demuestran que en la última década los argentinos no solo han perdido poder adquisitivo sino también buen gusto fubolístico". Ese apunte dice mucho de cómo se entiende el fútbol (y a los futbolistas) en la Argentina de hoy en día.








A la Argentina de Maradona no le quita el sueño ser la dominadora de sus encuentros, pero tampoco se anima a salir del armario y asumir su lado italiano, su identidad de equipo defensivo y contragolpeador






Si Argentina aspira a ser dominador en los partidos que juega, debe entender que para conseguirlo debe tener la pelota y saber qué hacer con ella. Pero la pregunta que surge es: ¿Quiere verdaderamente eso la selección de Maradona? Por lo que se vio desde que asumió hace más de un año, Argentina apuesta por replegarse en su campo cerca del arquero, volviéndose un equipo áspero que prefiere jugar al contragolpe. Es una opción poco agradable estéticamente y que no hace justicia al buen fútbol que supuestamente prefiere la mayor parte de los argentinos. Aún así, no deja de ser una opción tan válida como otras. El tema es que Argentina tampoco parece hacerse cargo plenamente de esta identidad de equipo defensivo y contragolpeador.

El resultado es un equipo indefinido, que no quiere asumir el protagonismo de los partidos (aunque la gente y la historia se lo piden) pero que tampoco se anima a salir del armario y significarse por entero en su versión “italiana” o bilardista.

En definitiva, es un conjunto sin ideas, indeciso, que no sabe qué hacer en la cancha y, a poco que lo superan, empieza a repartir leña, a protestarle al árbitro por cualquier cosa y a tejer conspiraciones trasladando la culpa a terceros (“Que la sigan mamando los anti-argentinos”, dijo este; “Vos sos contra mía”, dijo el anterior).


UNA CUESTIÓN DE TALENTO

La diferencia principal que existe entre las selecciones de España y Argentina es el bagaje, la cantidad de talento con el que cuentan una y otra. En España, hasta los defensores la sacan jugando y tienen un más que aceptable control de la pelota. El mediocentro debe ser, sin exagerar, el mejor del mundo. Y su delantera no desmerece. En Argentina, exceptuando Messi, los jugadores más dotados para manejar el cuero y los tempos del partido, y que tienen mayor capacidad de desequilibrio, estaban en el banco de los suplentes: Aimar y Perotti.

Del resto de convocados, la gran mayoría son jugadores mediocres, grises (Maxi Rodríguez, Ansaldi, Lavezzi, Coloccini), alguno con talento pero que no acaba de explotar (el Kun Agüero) y otros que garantizan entrega aunque sería deseable que también aportaran algo de fútbol (Tévez).

Y en esto, lógicamente, tienen que ver los seleccionadores. Si España juega como juega y cuenta con los jugadores con los que cuenta, es porque el seleccionador convoca a esos jugadores y no a otros con características distintas. La Roja se pasó varios años a la deriva, con una enorme confusión identitaria: no sabía si quería ser toro o torero. Después de mucho experimentar, decidió ser torero. Argentina, en cambio, parece la España de años atrás. No apuesta por jugadores de buen pie, que sepan manejar la pelota. Al menos, no se seleccionan a muchos con esas características.

Son dos maneras radicalmente diferentes de entender el fútbol.

Ahora, ¿significa esto que con jugadores con los pies cuadrados no se puede hacer un equipo ganador? En absoluto. Hay muchísimos ejemplos de equipos ultradefensivos que han ganado los títulos más importantes. La Argentina de Bilardo que ganó el Mundial del ’86 y fue subcampeona en el ’90, fue de lo más mediocre que se recuerde. Salvo Maradona, el resto eran jugadores de normalito para abajo (Passarella no jugó en México y del resto solo Valdano y Caniggia destacaron –y tampoco demasiado- en Europa). La Grecia que ganó la Eurocopa del 2004 o la Italia que se llevó el Mundial de 2006 son claros ejemplos de que se pueden armar equipos sólidos, muy difíciles de derrotar y que hasta pueden resultar ganadores (y mortalmente aburridos, a no olvidar).

Pero si me tengo que sentar delante de la tele, o comprar una entrada para ir al estadio, prefiero equipos que jueguen como España, equipos que quieren ser protagonistas y que salen a buscar la victoria sin especular y sin que le importe el rival que tienen enfrente. Equipos como el Barcelona de Pep Guardiola, como los que dirige el Loco Bielsa, o como aquel maravilloso São Paulo de Telé Santana.

Sinceramente, no creo que esta selección argentina termine apostando por el fútbol de toque y buen juego (el tiki taka español). A menos que se le ocurra a Maradona poner en la cancha a Messi, Aimar y Perotti y alguno más, y les de libertad total para divertirse. Recién ahí, tal vez, los hinchas de la selección también nos podamos volver a divertir.


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PD: del partido España-Argentina no quiero comentar mucho, salvo que nos dieron un repaso y un baile que pudo ser mayor si no hubieran levantado el pie del acelerador. Al no haber sido un partido por puntos, puede tener su lado bueno: aprender de cómo juegan y copiarles. O al menos, aprender a cómo pararlos por si nos toca jugar con ellos en el mundial.

Y de gran parte de los hinchas argentinos, poco por decir: provocaron vergüenza ajena con su conducta; faltando el respeto a la gente, no hicieron más que reforzar los prejuicios negativos que algunos puedan tener contra los argentinos. Y eso que no había barrabravas “oficiales” como sí habrá en Sudáfrica, auspiciados por el Gobierno K (la “ONG” Hinchadas Unidas Argentinas la conduce un “dirigente” kirchnerista de Quilmes que está recaudando fondos para el viaje. Como se trata de Argentina, sabemos que esos fondos serán cubiertos por el gobierno. Es decir, dinero de todos los argentinos será entregado a esta gente. Por lo tanto, seguiremos exportando la mejor cultura del país. Nada raro, si consideramos que los iluminados de este mismo gobierno eligieron a Perón, Evita y Maradona como emblemas para representar la cultura argentina ¡en la Feria del Libro de Frankfurt del año que viene! (click aquí para más info) Por lo visto, el país sigue desarrollando ese concepto tan sui generis de reparto de la riqueza y de la igualdad de oportunidades: fútbol gratis -bancado con dinero del Estado- y turismo de lujo para barrabravas amigos. Mientas Obama y el propio Lula apuestan por las energías renovables y la economía del conocimiento, en Argentina se le da cada vez más dinero y poder a sindicalistas como Hugo Moyano y se consolidan las prácticas clientelistas).