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3 de diciembre de 2009

Messi, Enemigo de Oro 2009


El Malo malísimo. A Messi le llueven las críticas en Argentina. Pero eso tiene fácil solución: si se hace un tatuaje del Ché, graba un disco de cumbia y se levanta a una botinera, ganará nuevos fans en su país natal.


Entre los comentarios que recibí y, sobre todo, los que se pueden leer en varios diarios argentinos, veo que por allá Lionel Messi, a pesar de ganar de forma abrumadora el Balón de Oro 2009, sigue siendo un tipo resistido, que genera rechazos en un nivel para mí incomprensible. Cuando el resto del mundo lleva al menos un par de años rendido a Messi, en el único lugar donde genera tanto rechazo es en su país de origen. Ni siquiera los brasileños ni los hinchas del Real Madrid (a priori, sus “enemigos naturales”) le niegan virtudes al rosarino.

Lo llamativo es que la mayor parte de las críticas no son estrictamente futbolísticas sino de índole muy distinta, lo cual permite hacer conjeturas casi en clave sociológica.

Me atrevo a aventurar algunas hipótesis que, como tales, podrán ser más o menos acertadas, que aquí nadie tiene la razón absoluta y en fútbol casi todo es opinable. Y digo casi porque hay cosas, como la valía de Messi, que no admiten discusión.

Ni Aimares, Saviolas, Riquelmes, Ortegas, Tévezes, Palermos, ni nada parecido. Messi es lo mejor que le pasó al fútbol argentino en los últimos 20 años. Esto es más que una opinión. Es un hecho objetivo. Y de ninguna manera se trata de un desmerecimiento a los muchos jugadores de gran calidad que surgieron en Argentina en la últimas dos décadas. Pero lo de Messi es otra cosa, está a otro nivel.

Futbolísticamente hablando, Messi es el mayor talento con el que cuenta Argentina desde el retiro de Maradona. Es un chico de apenas 22 años que ya se ganó su asiento en el exclusivo club de los grandes de la historia, ahí, pegadito a Alfredo, Diego, Edson, Johan y Zinedine.

No querer verlo de esta manera es de ciegos, es negar una evidencia que todo el planeta ve y celebra. Por eso creo que la incomprensión hacia Messi radica sencillamente en el desconocimiento: la gente no ve jugar a Messi. Porque ¿cuántos de los que lo critican tan duramente han visto más de veinte partidos completos de Lio? Y veinte partidos no son muchos para juzgar a un futbolista...

El malo de la película


A Messi le acusan, básicamente, de dos cosas: de no esforzarse cuando juega en la selección y de ser millonario (¡¿?!). Según esta teoría tener mucho dinero en el banco impide que un futbolista haga bien su trabajo. Por lo general la cosa suele ser al revés: los tipos que hacen muy bien su trabajo con una pelota en los pies se vuelven millonarios como consecuencia de ese buen hacer.

Los muchos que sostienen esta teoría proponen que la selección prescinda de los futbolistas que juegan en Europa y que el equipo se arme con jugadores del fútbol local. Esto, supuestamente, garantizaría el hambre de gloria del equipo, algo que en su opinión no aportan los millonarios europeos porque están demasiado acomodados en sus “vidas burguesas”.

En la historia del fútbol y del deporte en general existen montones de ejemplos que echan por tierra esa falaz creencia de que no se puede alcanzar la gloria cuando ya se tienen las alforjas llenas de billetes. Por citar casos contemporáneos y conocidos por todos: Michael Jordan, Roger Federer, Michael Schumacher, Tiger Woods, Usain Bolt, Mike Tyson o el mismo Maradona ya eran bastante millonarios cuando seguían buscando (y logrando) más y más gloria. El crecimiento exponencial de sus cuentas bancarias se fue dando en paralelo al crecimiento de títulos y el reconocimiento que iban obteniendo. Por lo tanto, es evidente que ganar dinero no hace peores a los deportistas.

Por otra parte, y aunque no ganen lo mismo que los que juegan en Europa, cualquier jugador de la primera división argentina cobra bastante más que un abogado, un periodista, un médico, un dentista o un oficial de policía con trabajos normales. Por tanto esa pretensión de hacer ver que los jugadores locales representarían mejor al pueblo porque ellos son el pueblo tampoco tiene una fundamentación demasiado sólida.

Un poco de sentido común (se echa en falta)

Igualmente, tener hambre de no es suficiente para poder obtener la gloria. También hacen falta buenos jugadores. Si Maradona, por ejemplo, me convoca a mí y a mi barra de amigotes, seguro que en Sudáfrica no habrá selección con más hambre de gloria que la formada por este selecto grupo de hombres de pésimo estado físico y dudosa calidad futbolística. Pero si nos toca jugar con Brasil y le queremos ganar, honestamente, creo que la selección argentina tendría más posibilidades de conseguirlo si juegan Messi y otros de los malvados vendepatria que se desempeñan en Europa y que encima cometen el pecado de ganar mucha plata de manera honesta.

Esto último también es bastante curioso. Muchos argentinos sacan, de manera implacable, el dedo inquisidor para señalar a jugadores que no hacen más que ganar dinero de manera honesta (¿qué culpa tienen si Adidas, Gillette o a Audi les pagan un montón de plata por promocionar sus productos? ¿O si un club les ofrece un sueldo elevado para que jueguen con ellos y no con el archirrival?).

Sin embargo, esos mismos guardan el dedo ante quienes más lo deberían usar, al tiempo que toleran, generación tras generación, que decenas de dirigentes políticos (de todos los partidos y orígenes geográficos) se conviertan en millonarios de manera deshonesta, apropiándose de dinero del Estado. No solo que guardan el dedo, sino que los justifican, los defienden y los votan una y otra vez. Como ciudadano si a Messi el Sr. Adidas decide pagarle una millonada, no es algo que me deba importar ni afectar. Ahora, si un funcionario o funcionaria multiplica un 800% su fortuna desde su llegada al gobierno y no lo puede justificar, creo que eso sí debería afectarme y preocuparme. Y creo también que en esos casos la obligación de un ciudadano debe ser exigir cuentas a esos funcionarios sin que los demás se le echen encima colocándole todo tipo de etiquetas (“golpista”, “derechoso”, “reaccionario”. El mundo al revés, roban los políticos y es como si la culpa fuera de quienes exigen explicaciones o no están de acuerdo con los saqueos alevosos de las arcas públicas).

Elemental, querido Watson

Volviendo a la composición de la selección, claro que se puede armar un equipo con futbolistas que juegan en el país y disputar el mundial. Y hasta se podría hacer un papel digno. Ahora, no hay que ser la reencarnación de Einstein ni tener cuatro doctorados en ciencias para darse cuenta de que no disponer de los mejores futbolistas reduce enormemente las posibilidades de triunfo de un equipo.

¿A alguien se le ocurre que Brasil no llamará a Kaká, Francia a Ribéry o España a Iniesta simplemente porque sus sueldos son muy superiores al de la mayoría de los asalariados de sus respectivos países? ¿A alguien le parecería normal que la selección argentina de básquet fuera al mundial con un equipo formado con jugadores del interior de Salta aduciendo que a Ginóbili, Scola y el resto de los NBA no se los convoca porque ganan demasiada plata y porque no tienen hambre de gloria?

¿Suena ridículo, no? Pues eso.

30 de noviembre de 2009

Barça 1 - Real Madrid 0: partido muy serio en el Camp Nou





1) Figuras. Carles Puyol y Kaká fueron lo más destacado de
sus respectivos equipos.

2) ¡Que te calles! Iniesta no se anduvo con vueltas y mandó a
callar a Cristiano Ronaldo, que se quejó todo el tiempo que estuvo en el campo.


Aunque en el momento en que me dispongo a escribir estas líneas aún no se han cumplido 24 horas del partido jugado entre Barcelona y el Real Madrid, calculo que a estas alturas cualquier persona medianamente decente estará no solo enterada del resultado final sino lo bastante informada de los detalles del encuentro.

Aunque no será uno de los partidos más recordados (ninguno de los dos equipos brilló, apenas hubo situaciones claras por bando y goles no se gritaron más que uno, el de Ibrahimovic que le dio la victoria a los azulgrana), sí hay que señalar que fue un choque vibrante entre dos rivales de muchos kilates. En teoría, esto es lo menos que se puede esperar cuando se enfrentan dos plantillas con tantos recursos y súper estrellas. Pero la historia de los grandes derbys, además de enfrentamientos épicos y de recuerdo imborrable, también está plagada de fiascos. Anoche, afortunadamente, esto último no sucedió.

Si bien se presumía que el Real Madrid se mostraría mucho más sólido que en las últimas presentaciones, la imagen que dejaron ayer los dirigidos por Pellegrini, sobre todo en el primer tiempo, fue incluso mejor de la que se esperaba.

Cuando más se echaba en falta ese Madrid imponente e intimidante prometido por la chequera de Florentino Pérez y que en lo que llevaba de temporada apenas si se había insinuado un par de veces ante rivales menores, el conjunto merengue decidió hacer acto de presencia justo en el lugar más señalado: el campo de su eterno rival, actual monarca en ejercicio del fútbol mundial.

En una disputada primera parte, los madridistas controlaron el partido y dejaron la mejor imagen. Y si no se fueron con ventaja en el marcador, fue por el acierto de Víctor Valdés ante Cristiano Ronaldo, quien dispuso de una inmejorable situación luego de una magnífica asistencia de Kaká. Y por la soberbia actuación de Carles Puyol, que salvó in extremis dos goles cantados arrojándose como un poseso, primero a los pies de Marcelo y luego a los de Higuaín, para tapar sendos remates y cuando el gol parecía algo inevitable. No por nada fue el más elogiado por su técnico y compañeros al terminar el encuentro.

Del lado del Madrid lo mejor coincidió, y no por casualidad, con el mejor partido de Kaká desde que llegó a la Casa Blanca. Aunque está aún lejos de la brillantez y la regularidad que exhibiera en el Milan, el ex futbolista del São Paulo y Balón de Oro en 2007 empieza a dar señales de querer volver por sus fueros.

En el segundo tiempo se desinfló Kaká y con él todo el Madrid; y aunque el Barcelona llegó a jugar media hora con un hombre menos por la expulsión de Busquets, fueron los de Guardiola los que contaron con las mejores ocasiones, como esa que falló Messi ante Casillas cuando el partido ya se moría.

Al final, resultado, expulsiones y merecimientos aparte, uno se queda con la sensación de haber visto un partido entre dos rivales que estuvideron a un nivel muy serio y que seguramente saldrán reforzados del choque. El Barça por haber ganado con uno menos, arrebatándole de paso la punta del campeonato a su rival de ayer. Y el Madrid porque al fin ha estado a la altura de lo mínimo que se espera de un equipo con su historia y actual plantilla.

Lo irritante: las continuas y exageradas quejas de Cristiano Ronaldo, como siempre más pendiente de sí mismo y de influenciar al árbitro con sus reclamos y mohínes constantes. El Llorón de Oro y el FIFA World Quejica son todos para él este año.

Lo memorable: la reacción de Iniesta cuando Cristiano Ronaldo lo acusó de piscinero y de fingir una falta. El habitualmente imperturbable Iniesta se le fue al humo a la prima donna portuguesa y la mandó callar. Consultado luego por los periodistas, el crack culé se justificó diciendo que C. Ronaldo no es precisamente el más indicado de acusar a los demás de fingir o exagerar faltas. Beso y medalla para Iniesta.
(Click aquí para ver el momento en que Iniesta se encara con C. Ronaldo)